jueves, 29 de julio de 2010

ALEJANDRA PIZARNIK


Foto: "...Nadie puede salvarme, 
pues soy invisible aún para mi que me llamo con tu voz. 
¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.
Hay un jardín."

Alejandra Pizarnik


           El infierno musical





En un ejemplar de “Les chants de Maldoror”



Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres
como niños de la medianoche.

     el soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumdos;
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobre
vuela como una dinastía de soles.


                                      *

sólo vine a ver el jardín.
tengo frío en la manos.
frío en el pecho.
frío en el lugar donde en los demás se forma el pensamiento.
no es éste el jardín que vine a buscar
a fin de entrar, de entrar, no de salir.

por favor, no creas que me lamento.
si comprendieras la voluptuosidad de comprobar.

me amaron, a lo menos eso dijeron.
muchos me amaron porque no soy parecida más que a mí
y por otros imponderables más bellos que la sonrisa de la
                                                                    Virgen de las Rocas.
yo, ahora, creo amar y me siento acabada, epilogada.
cómo aprender los gestos primarios
de las pasiones elementales?

No me consuela



A un poema acerca del agua, de Silvina Ocampo


                                                                               A Silvina y
                                                                               A la condesa de Trípoli
                                                           que emana toda la noche profecías

                                                                                            O. Paz

Tu modo de silenciarte en el poema.
Me abrís como a una flor
(sin duda una flor pobre, lamentable)
que ya no esperaba la terrible delicadeza
de la primavera. Me abrís, me abro,
me vuelvo de agua en tu poema de agua
que emana toda la noche profecías.



                 XV

niña que en vientos grises
vientos verdes aguardó


              
                   *

así iba yo devorando tinieblas
una flor en mi mano de sonámbula
una sonrisa ajena pegada a mis labios
mi cuerpo desnudo como una palabra
mis deseos abrazados a su imagen



             A plena perdida

Los sortilegios emanan del nuevo centro de un poema a nadie diri
gido. Hablo con la voz que está detrás de la voz y emito los mágicos
sonidos de la endechadora. Una mirada azul aureolaba mi poema.
Vida, mi vida, qu´e has hecho de mi vida?



                              *

Dónde dejar mis ojos,
cuándo augurarles una estación amable.
Quiero decir:
lo que muero cada noche,
mis huesos torcidos por abrazar una sombra.







                Peregrinaje

                                                         A Elizabeth Azcona Cranwell

Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
en la mudez de pájaros y viento,
en el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca

                                     Alejandra Pizarnik



AP nació en 1936 y murió en 1972 en Buenos Aires.
Vivió en París donde colaboró en revistas y fue traduc
tora. Publicó La última inocencia(1956), Las aventuras
perdidas(1958), Árbol de Diana(1962), Los trabajos y las
noches(1965), Extracción de la piedra de locura(1968),
El infierno musical(1971).


CONSTANTIN CAVAFIS





  154(Opera Omnia)




           Jura
           (1915)


Jura una y otra vez que rehará su vida.
Mas al llegar la noche y sus consejos,
con sus promesas, y sus ofrecimientos;
al llegar la noche con el poder
del cuerpo que desea y exige, al mismo
fatal placer, perdido, se dirige de nuevo.




      En la calle
               (1916)


Su atractivo rostro, un poco pálido;
y los ojos castaños, como fatigados;
veinticinco años, aunque aparenta mejor veinte;
algo le da en su atuendo vago aire de artista
- la corbata tal vez, o la forma del cuello-;
marcha sin fin preciso por la calle,
como poseído todavía del placer ilegal,
del prohibido amor que acaba de ser suyo.




          Grises
                 (1917)



Mirando un ópalo casi gris
recordé dos hermosos ojos grises
que había visto. Hace quizás veinte años…

……………………………………
Nos amamos durante un mes.
Después él se marchó; creo que a Smirna.
a trabajar allí, y no volvimos a vernos.

Los ojos grises –si aún vive- se habrán afeado;
marchito estará aquel bello rostro.

Consérvalos, oh memoria, como eran.
Y alguna vez aquel amor
y aquella noche devuélveme.




    La vitrina del estanco
                         (1917)



Junto a la vitrina iluminada
del estanco, de pie estaba entre otros.
Por casualidad sus miradas se cruzaron,
y el deseo prohibido de su carne
expresaron con timidez, balbuceantes.
Después unos pasos ansiosos sobre la acera-
hasta que una sonrisa, un leve signo fue intercambiado.

Y luego el carruaje cerrado…
la excitante aproximación de sus cuerpos;
las manos juntas, los labios juntos.




            El origen
                       (1921)


Han satisfecho su placer
prohibido. Y del lecho se levantan,
vistiéndose apresuradamente sin hablarse.
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras
caminan algo inquietos por las calles, parece
como si sospecharan que algo en ellos traiciona
en qué clase de lecho cayeron hace poco.

Pero cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana, otro día, años después escritos serán
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.




Antes de que el tiempo lo cambie
                              (1924)


Grande fue su dolor cuando tuvieron que separarse.
No querían; pero así fueron las circunstancias.
La necesidad obligó a uno de ellos
a irse lejos –New York o Canadá.
Su amor no era ya ciertamente lo que antes había sido;
porque el deseo lentamente fue a menos,
porque el deseo lentamente moría.
Pero separarse, ninguno lo quería.
Las circunstancias obligaban. –Quizás convertido en artista
el destino ahora los separaba
con emoción, antes de que el tiempo los hubiera cambiado;
el uno para el otro serían así como habían sido
los bellos muchachos de veinticuatro años.




El año vigésimo quinto de su vida
                                  (1925)


Siempre vuelve a la taberna donde
el mes anterior se habían conocido.
Pregunta; pero nada concreto le responden.
De cuanto oye desprende que su amigo
no es nadie conocido;
sino uno de tantos jóvenes equívocos
que pasan ignorados por allí.
Pero él sigue volviendo cada noche a la taberna,
y se sienta mirando hacia la puerta;
mira hasta cansar sus ojos.
Tiene que entrar. Quizás entre esta noche.

Hace lo mismo durante tres semanas.
Su cabeza enferma de deseo.
En su boca los besos se han frustrado.
La carne se macera en la diaria espera.
El contacto de aquel cuerpo está en su piel.
A él desea otra vez unirse.

Pero sobre todo, no se engaña.
Aunque a veces le es indiferente.
Sabe perfectamente lo que arriesga,
se ha hecho a la idea. Es probable que esa vida que lleva
Lo conduzca a un fatal escándalo.




        En las tabernas
                        (1926)


Perdido en las tabernas y en los burdeles
de Beirut malvivo. No quise quedarme en
Alejandría. Tamide me ha dejado;
se fue con el hijo del Prefecto, y todo por
una villa sobre el Nilo, un palacio en la ciudad.
No podía seguir en Alejandría.
Y en las tabernas y en los burdeles
de Beirut malvivo. En este barato abandono
de alguna forma sobrevivo. Lo único que me salva
como una belleza que permanece, como una fragancia que por
encima de mi carne ha quedado, son los dos años
que tuve a Tamide para mí, el más maravilloso muchacho,
y por mí, no por una casa o una villa sobre el Nilo.




Según las fórmulas de los antiguos
          magos greco-sirios
                               (1931)


“Qué destilación de hierbas
de encantamiento”, dijo un sensual,
“qué destilación preparada según las fórmulas
de los antiguos magos greco-sirios,
sería capaz un día(aunque no excediese de un día
su poder), o por sólo una hora,
de devolverme mi veintitrés años
otra vez; a mi amigo cuando tenía veintitrés,
y todo aquello… su belleza, su amor.

Qué destilación puede descubrirse preparada según las fórmulas
de los antiguos magos greco-sirios,
la cual al mismo tiempo que esta vuelta al pasado,
me devuelva con él nuestra habitación”.

                                                 Konstantin Kavafis


KK nació en Alejandría en 1863 y murió allí mismo en 1933.
Publicó en vida dos colecciones de Poemas, en 1904 y 1910.
Su obra poética completa consta de 154 poemas, según el au
tor; luego aparecieron 89 más. En casi todos mezcla el lenguaje
purista y el demótico.


Obra: detalle de El Jardín de las Delicias, de El Bosco, c.1480

lunes, 19 de julio de 2010

OSVALDO LAMBORGHINI





ROZAMIENTOS MULTIPLES?
PRUEBA DE REALIDAD?
LETANIA O CANCION MASOQUISTA?



Pubis y esfínteres.
Margaritas ya sin pétalos, letanía,
nada: ni un solo pétalo por arrancar.
Margaritas felices
y al mismo tiempo desgraciadas,
pubis y esfínteres:
vivir la coherencia de algún estado,
vivir en coherencia
¡con algún estado!
un solo cuerpo hay
uno solo y verdadero
no millares, letanía
rozamientos múltiples
rozamientos de pubis
rozamientos de esfínteres
órganos de los goces
órganos de goces.
Letanía o canción masoquista.
Margaritas: toda la sangre fluyó
pasado el momento de la agreste podadura.
El látigo es un órgano de esfínter.

Pero ni siquiera bellos uniformes
aún siquiera para algún naides conformar.
O para vestir las desnudas corolas.
Planicie de hielo, planicie de esfínteres.
Otra vez la prueba de realidad
y otra vez la protesta
letanía, canción masoquista.
Ni naides es menos nadas, ni
nadas es menos naides.
Nada, ni siquiera un par de charreteras
o un emborlado bastoncillo de desfile,
a cambio de nuestros pétalos,
a cambio de nada.

El vacío empieza a suceder
y es lo único que sucede, él es el único,
Emperador, Rey y soberano.
Letanía: nuestros cuerpos,
achatados retratos sobre la tierra…
nuestros cuerpos,
achatados retratos sobre la tierra…
letanía, todo es letanía,
muerte y mierda.

Monoeyaculación monódica.
Monóculos de bazar, llenos de tedio y de soslayo, letanía:
rozamientos múltiples
rozamientos de pubis
rozamientos de esfínteres,

y viene el idiota de la preguntas.
¿dónde está la herida?
en el halo,
en el ano,
en la connota.
En el aura siempre, letanía, canción masoquista,
en el círculo: áulica herida.
El esfínter es (rozamientos de pubis, ro
zamientos múltiples) por definición
aquello que se “carcome” y “amorfa”.
Letanía, canción masoquista.
La piel nuestra, una miríada,
rosetones de esfínteres.
La rosa excremental en el cuerpo cardinal.
Tierra desplegada, letanía, sin puntos ni horizontes.
Mar de adioses y ya estamos de vuelta.
Letanía, canción masoquista:
rozamientos múltiples
rozamientos de pubis
rozamientos de esfínteres.

                                       Osvaldo Lamborghini


OL nació en Necochea (Pcia de Bs As) en 1940 y murió en Barcelona en 1985.
Escritor y poeta, cofundó la revista Literal y publicó en vida El fiord; sebregondi
retrocede y Poemas.
Nombrado por Perlongher como el padre del Neobarroso, ya muerto, vieron 
la luz Novelas y cuentos; Tadeys; Poemas ‘68-‘85.

Obra de Francis Bacon


miércoles, 7 de julio de 2010

NESTOR PERLONGHER 1





Cadáveres

                                                        a Flores


Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

   En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas
En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
En el garrapiñero que se empana
En la pana, en la paja, ahí
Hay Cadáveres

Precisamente ahí, y en esa richa
De la que deshilacha, y
En ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
En el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
en la que no se dice que se sepa...
Hay Cadáveres

Empero, en la lingüita de ese zpato que se lía, disimuladamente al
Espejuelo, en la
Correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas
Arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin
Embargo, en esa c… que, cómo se escribía? C… de qué?, mas, con
todo
sobretodo
Hay Cadáveres

En el tapado de la que se despelmaza, febrilmente, en la
Menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el
Despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un
Saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas
Pasadas como mejas muertas de las que
Hay Cadáveres

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:
En la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;
En el ribete de la cola del tapado de seada de la novia, que no se casa
                                   Porque su novio ha
…………………….!
Hay Cadáveres

En ese golpe bajo, en la bajez
De esa mofleta, en el disfraz
Ambiguo de ese buitre, la zeta de
Esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
campesinas
agasajan sus fiolos, en los
fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a
escondidas, con la bombacha llena; en la
humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de
los de
hay Cadáveres

parece remanido: en la manea
de esos gauchos, en el pelaje de
esa tropa alzada, en los cañaverales(paja brava), en el botijo
de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz
hay Cadáveres

ay, en el quejido de esa corista que vendía “estrellas federales”
uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con
una botella de whisky “Russo” llena de vidrio en los breteles, en esos,
tan delgados,
hay Cadáveres

en la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
en la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
las uñas salitrosas, en las mismas
cutículas que ella abre, como en una toilettes; en el tocador, tan
…indeciso…, que
Clava preciosamente los alfileres, en las caderas de la Reina y
En los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza
Que se derrumba, oui
Hay Cadáveres

Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa
¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
de ese incienso;
da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón
atravesado por un aro, enagua, en
ya
Hay Cadáveres

en eso que empuja
lo que se atraganta,
en eso que traga
lo que emputarra,
en eso que amputa
lo que empala,
en eso que ¡puta¡
Hay Cadáveres

Ya no se puede sostener el: mango
de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,
el rosario
de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,
la corriente
que sujeta a los juncos el pichido,
la corriente
que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin – del son
ajero, en el gargajo que se esputa…
Hay Cadáveres

En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
porque guarda una orla de caca; en el escupitajo
que se estampa como sobre en un pijo,
en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de
           la hormiga,
Hay Cadáveres

En la conchita de la pendejas
En el pitín de un gladiador sureño, sueño
En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas
brechas, en el sudario del cliente
que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,
en el polvo
Hay Cadáveres

En el desierto de los consultorios
En la polvareda de los divanes “inconcientes”
En lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales
donde el muerto circula, en los pasillos
donde las enfermeras hacen SHHH! Con una aguja en los ovarios,
en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
se travisten de “hombre drapeado”,
laz zarigüeyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase(o paladea)
un paladar, en tornos
Hay cadáveres

En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de
esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese
bies que ciñe –algo demás- esos corpiños, en el azul lunado del cabello,
gloriamar, en el chupazo de esa teta qe se exprime, en el
reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños…
Hay Cadáveres

En esa circunstancias, cuando la madre se
lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la
hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que
va “creciente”, o
Hay Cadáveres

Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza
que deja mi caballo al fumar por los campos(campos, hum…), o por
los haras, eh, harás de cuenta de que no
Hay Cadáveres

Cuando el caballo pisa
los emponchados pólderes,
empenachados se hunde
en los forrajes;
cuando la golondrina, tera tera,
vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola
como una sierpe “leche de cobra” se
disipa,
los miradores llegan todos a la siguiente conclusión:
Hay Cadáveres

Cuando los extranjeros, como crápulas,(“se les ha volado la
papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices,
arrodíllanse(de) bajo la estatua de una muerta,
y ella es devaluada!
Hay Cadáveres

Cuando el cansancio de la pistola, la flaccidez de un ano,
ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un
“palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido
roja, como un ceibo, o un servio, cuando un paje
la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo
contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y
Hay Cadáveres

Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su
ceso de su pica, más
atornilla esa clava, cuando “mecha”
en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza
chueca, cuando la va dándola vuelta
para que rase todos… los lunares, o
Sitios,
Hay Cadáveres

Verrufas, alforranas(de teflón), macarios muermos: cuando sin…
acribilla, acrisola, ángeles miriados de peces espadas, mirtas
acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del
dedo de un puntapié en las várices, torreja
de ubre, percal crispado, romo clít…
Hay Cadáveres

En el país donde se yuga el molinero
En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,
y donde todas las ocupaciones tienen nombre…
En las regiones donde una piruja voltea su zorrito de banlon,
la huelen desde lejos, desde antaño
Hay Cadáveres

En la provincia donde no se dice la verdad
En los locales donde no se cuenta una mentira
- Esto no sale de acá –
En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en
la bragueta del que orina –esto no va a parar aquí-, contra los
azulejos, en le vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y
Esmeraldas,
Hay Cadáveres

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
los caciques le hacen una enema,
le abren el c… para sacarle el chico,
el marido se queda con la nena,
pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada,
de un camarín donde…
Hay Cadáveres

Donde el la traicionó, donde la quiso convencer que ella
era una oveja hecha una rabona, donde la perra
lo cagó, donde la puerca
dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos
almizclados, lo sedujo,
Hay Cadáveres

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
un bombachón de muñequera, como en
un cáliz borboteante – los retazos
de argolla flotaban en la “solución Humectante”(método agua por
agua),
ella se lo tenía que contar:
Hay Cadáveres

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados:
Hay Cadáveres

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
La amiga, cosiendo si parar el desgarrón de una “calada”
El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de
una Kombi,
Hay Cadáveres

La despeinada, cuyo rodete se ha raído
por culpa de tanto “rayito de sol”, tanto “clarito”;
La martinera, cuyo corazón prefirió no hacerlo;
La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;
La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
para no ver lo que veía:
Hay Cadáveres

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un
buen punto;
la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
discreto que no mostrara nada
- y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase -;
la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse
tácticamente en los telares –y daba esa textura acompasada…
lila…
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas
Hay Cadáveres

La que hace años que no ve una pija
La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)
Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
donde los
vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le
tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una
profesora…)
Hay Cadáveres

Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestarse contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres

Era: “no le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
cuenta”
o: “no le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a
pecho”
Acaso: “no te conviene que lo sepa porque te amputan una teta”
Aún: “hoy asaltaron a una vaca”
“cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada
… y listo”
Hay Cadáveres

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como
una corbata se avizora, pinche de plata, así
Hay Cadáveres

En        el campo
En el campo
En la casa
En la caza
ahí
Hay Cadáveres

En el decaer de esta escritura
En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas
En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,
En ese puño elástico,
Hay Cadáveres

Decir “en” no es una maravilla?
Una pretensión de centramiento?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
muere al amanecer, y descompuesto de
El Túnel
Hay Cadáveres

Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo
de superficie frívola…?
Hay Cadáveres

Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo
cruzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los
carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados(ya preciso,
te dije, de otro pantalón blanco), vos crees que se iban a
detener, Fernando? Imaginá…
Hay Cadáveres

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
de esta reiteración estamos.
Las damiselas italianas
pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las “modelos” –del partido polaco-
no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!
cholas baratas y envidiosas –cuya catinga no compite- en Quilmes!
Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!
Barracas!
Hay Cadáveres

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lutrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género “volante”
NI
Hay Cadáveres

Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito!
Hay Cadáveres

Ejercicios
Campañas
Consorcios
Condominios
Contractus
Hay Cadáveres

Yermos o Luengos
Pozzis o Westerleys
Rouges o Sombras
Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres

- Todo esto no viene así nomás
- Por qué no?
- No me digas que lo vas a contar
- Cuándo te recibiste?
- Militaba?
- Hay Cadáveres?

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquel que ayer nomás…
Ella es la que…
Veíase el arpa…
En alfombrada sala
Villegas o
Hay cadáveres

…………………………………….
…………………………………….
…………………………………….
…………………………………….

No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.

                                                      
NP nació en Avellaneda en 1949. Sociólogo y Antropólogo,
su obra poética abarca seis libros: Austria-Hungría(1980),
Alambres(1987), Hule(1989), Parque Lezama(1990), Aguas
aéreas(1990) y El chorreo de las iluminaciones(1992). fue en
sayista y antólogo. Murió en San Pablo en 1992.

Obra: The Martyrdom of Saint Sebastian (Pollaiolo, Antonio)

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