jueves, 29 de julio de 2010

ALEJANDRA PIZARNIK


Foto: "...Nadie puede salvarme, 
pues soy invisible aún para mi que me llamo con tu voz. 
¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.
Hay un jardín."

Alejandra Pizarnik


           El infierno musical





En un ejemplar de “Les chants de Maldoror”



Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres
como niños de la medianoche.

     el soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumdos;
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobre
vuela como una dinastía de soles.


                                      *

sólo vine a ver el jardín.
tengo frío en la manos.
frío en el pecho.
frío en el lugar donde en los demás se forma el pensamiento.
no es éste el jardín que vine a buscar
a fin de entrar, de entrar, no de salir.

por favor, no creas que me lamento.
si comprendieras la voluptuosidad de comprobar.

me amaron, a lo menos eso dijeron.
muchos me amaron porque no soy parecida más que a mí
y por otros imponderables más bellos que la sonrisa de la
                                                                    Virgen de las Rocas.
yo, ahora, creo amar y me siento acabada, epilogada.
cómo aprender los gestos primarios
de las pasiones elementales?

No me consuela



A un poema acerca del agua, de Silvina Ocampo


                                                                               A Silvina y
                                                                               A la condesa de Trípoli
                                                           que emana toda la noche profecías

                                                                                            O. Paz

Tu modo de silenciarte en el poema.
Me abrís como a una flor
(sin duda una flor pobre, lamentable)
que ya no esperaba la terrible delicadeza
de la primavera. Me abrís, me abro,
me vuelvo de agua en tu poema de agua
que emana toda la noche profecías.



                 XV

niña que en vientos grises
vientos verdes aguardó


              
                   *

así iba yo devorando tinieblas
una flor en mi mano de sonámbula
una sonrisa ajena pegada a mis labios
mi cuerpo desnudo como una palabra
mis deseos abrazados a su imagen



             A plena perdida

Los sortilegios emanan del nuevo centro de un poema a nadie diri
gido. Hablo con la voz que está detrás de la voz y emito los mágicos
sonidos de la endechadora. Una mirada azul aureolaba mi poema.
Vida, mi vida, qu´e has hecho de mi vida?



                              *

Dónde dejar mis ojos,
cuándo augurarles una estación amable.
Quiero decir:
lo que muero cada noche,
mis huesos torcidos por abrazar una sombra.







                Peregrinaje

                                                         A Elizabeth Azcona Cranwell

Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
en la mudez de pájaros y viento,
en el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca

                                     Alejandra Pizarnik



AP nació en 1936 y murió en 1972 en Buenos Aires.
Vivió en París donde colaboró en revistas y fue traduc
tora. Publicó La última inocencia(1956), Las aventuras
perdidas(1958), Árbol de Diana(1962), Los trabajos y las
noches(1965), Extracción de la piedra de locura(1968),
El infierno musical(1971).


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