lunes, 4 de octubre de 2010

LEONOR SILVESTRI

  



  LUCHA GRECOROMANA



       Thisbe

Me contentaré con escribir
por las grietas
que otros poetas
Grandes
mucho más grandes que Yo
me han dejado.
Por las grietas
las fisuras incompletas
como Thisbe
de los cimientos de esta casa que se derrumba
sobre las sobras no queridas
por otros poetas
las migajas del banquete
de este cielo incandescente
de este sonido oculto
escondida de los padres
a media noche
un cielo de dioses
bóveda de héroes
otra vez
pero Diferente.




          Héctor

Tanto soñé con esto que pierde su realidad.
El tiempo para alcanzar tu cuerpo vivo
y besarlo mientras lo aniquilo.

En esta danza de guerra
ahogar en esa, tu boca, los gritos
alaridos de mujer que lanzarás,
aunque sos ése, el gran guerrero de Troya,
el poeta ciego nos recuerda
“El pudor estoico no había sido aún inventado”
y gritarás, te lo prometo.
Recordar así mi voz amada del que te me llevaste,
Héctor.

Tanto soñé con esto que mis manos
habituadas a estrangular el aire
ahora rendido delante de mí
no saben qué hacer.

Tanto soñé con esto,
que no podré salir de este instante
ahora que lo he conseguido.
Sobre el carro daré mil vueltas con tu cuerpo atado.
No comeré, no beberé por siete días,
como el vate tras la pérdida de su musa ninfa.

No entraré en razones.
Me negaré a todo más que a matarte
a reventar ese cuerpo nefando
que se llevó lo que era mío.

Pareceré vivo, pero hace rato
que me has matado, Héctor,
antes, quizás, de este momento
en el que te entregaré a la sucia muerte.

Tanto soñé con esto, tanto lloré y me tendí al lado de él
que sin mí ya se ha ido,
un recuerdo, una sombra
que ya nada me resta.

Sino,
hacerte fantasma,
que otros te adoren,
te echen en falta,
que se paseen tristemente
noches enteras con sus días
por los espacios deshabitados
que dejaré sin tu vida.




            Patroclo

Como una mano que eriza sus falanges buscando el cielo con sus yemas
se cae tu espada,
Patroclo.

Como una mano que se crispa en el mismísimo instante de la Moira
se extiende tu mirada que se corta como el hilo.

Querido, amigo,
ahora sin vos
Yo.

Una voz en el campo de batalla
que grita.
Y yo.
Y yo qué puedo hacer.

Los poetas ya han escrito sobre esto:
El sudor y el aliento de los caballos al galope.
El polvo levantándose.
La sangre y el olor a muerte por doquier.
Ya las malas traducciones han cantado mi futura venganza,
mi desmesura, siempre lo mismo:
siete días y sus noches flagelando el cuerpo muerto de tu asesino, Patroclo.

Pero
no han mencionado
la pena extraordinaria.
Ahora sin vos
Amigo, Patroclo, Yo.

No han mencionado
el vino escanciado, la fiesta al frescor y
el calor del verano seco.
La pasión de los cuerpos guerreros
y las esclavas
y nosotros
amándolas, amándonos.

Ahora sin vos
Yo
Sin tu mano firme sobre mi cuello
Sin tu voz ardiente
Susurrante
como un niño egipcio, esclavo, sin su Alejandro,
Ay, Patroclo, qué haré yo.




     Pentesilea

Demasiado buena para ser mujer
Demasiado hábil
Demasiado diestra
Ay, Demasiado Demasiado.

Ese arco
Esa flecha
que se clava
que se clava bien adentro
Mío
en el momento de tu muerte,
Pentesilea.

Debo matarte para que no te mueras.
Debo matarte para poder hacerte mía.
¿Acaso querrías de otra forma compartir conmigo tu cuerpo de guerrera virginal?
Lo lamento, Pentesilea:
La épica no escribe de mujeres que aman a mujeres.

Te veo caer
como una pluma
liviana tu gracia de golondrina
Herida

Moribunda
Agonizante.

Aun así te resistirás
como el león Penélope sitiado por los pretendientes.
Tendré que tomarte por la fuerza
como se toma todo en la guerra
como se toma a las mujeres.

¿No lo sabés acaso, Pentesilea?:
Serás mía
aunque deba matarte.




         Aquiles

Se vino abajo en medio del polvo.

Aquiles, salvaje estrella en plena noche
luz más hermosa que la belleza misma.

Y vos, Héctor, contraído como un cóndor
se cierne tu cuerpo todo
blandiendo punzante espada.

Si la historia fuera otra,
todos queríamos que ganes vos, Héctor.

Dirigiendo a tu rostro los mis ojos
ya te voy conociendo.
Somos hermosos y somos varones
roca y encina
sobre las que el muchacho y la muchacha
conversan.

Te envuelve la muerte te envuelve
fuego lento, suave vuelo, eterna juventud
Divino
Pecado
Matáme suavemente.

                      Leonor Silvestri


LS(1976), poeta, traductora, especialista en Literatura Antigua.
Publicó el libro de ensayo Catulo, Poemas. Una introducción
crítica (Santiago Arcos. 2005); y los siguientes poemarios
bilingües (español -inglés) auto-traducidos: Después de vos (
Ardiente Claridad. 2007), el curso. mitología grecolatina. (en
formato libro- objeto CD-rom. Voy a salir y si me hiere un rayo.
2006); y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003).



Obra: Leónidas en las Termópilas (1814) de Jacques Louis David


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