martes, 1 de mayo de 2012

JULIAN DEL CASAL


                           

              ÁGUILA QUE VIVIÓ PRESA EN EL LODO




 A UN AMIGO
                     (Enviándole los versos de Leopardi)

¿Eres dichoso? Si tu pecho guarda
Alguna fibra sana todavía,
Reserva el don que mi amistad te envía,
¡El tiempo de apreciarlo nunca tarda!

Mas si cruel destino te acobarda
Y tu espíritu, hundido en la agonía,
Divorciarse del cuerpo sólo ansía
Porque ya nada de la vida aguarda,

Abre ese libro de inmortales hojas,
Donde el genio más triste de la Tierra
—Águila que vivió presa en el lodo—

Te enseñará, rimando sus congojas,
Todo lo grande que el dolor encierra
Y la infinita vanidad de todo.




    FLOR DE CIENO

Yo soy como una choza solitaria
Que el viento huracanado desmorona
Y en cuyas piedras húmedas entona
Hosco búho su endecha funeraria.

Por fuera sólo es urna cineraria
Sin inscripción, ni fecha, ni corona;
Mas dentro, donde el cieno se amontona,
Abre sus hojas fresca pasionaria.

Huyen los hombres al oír el canto
Del búho que en la atmósfera se pierde,
Y, sin que sepan reprimir su espanto,

No ven que, como planta siempre verde,
Entre el negro raudal de mi amargura
Guarda mi corazón su esencia pura.




  UN TORERO

Tez morena encendida por la navaja, 
Pecho alzado de eunuco, talle que aprieta 
Verde faja de seda, bajo chaqueta 
Fulgurante de oro cual rica alhaja.

Como víbora negra que un muro baja 
Y a mitad del camino se enrosca quieta, 
Aparece en su nuca fina coleta 
Trenzada por los dedos de amante maja.

Mientras aguarda oculto tras un escaño 
Y cubierta la espada con rojo paño 
Que, mugiendo, a la arena se lance el toro,

Sueña en trocar la plaza febricitante 
En purpúreo torrente de sangre humeante 
Donde quiebre el ocaso sus flechas de oro.





    VESPERTINO

          I

Agoniza la luz. Sobre los verdes
Montes alzados entre brumas grises,
Parpadea el lucero de la tarde
Cual la pupila de doliente virgen
En la hora final. El firmamento
Que se despoja de brillantes tintes
Aseméjase a un ópalo grandioso
Engastado en los negros arrecifes
De la playa desierta. Hasta la arena
Se va poniendo negra. La onda gime
Por la muerte del Sol y se adormece
Lanzando al viento sus clamores tristes.

          II

En un jardín, las áureas mariposas
Embriagadas están por los sutiles
Aromas de los cálices abiertos
Que el Sol espolvoreaba de rubíes,
Esmeraldas, topacios, amatistas
Y zafiros. Encajes invisibles
Extienden en silencio las arañas
Por las ramas nudosas de las vides
Cuajadas de racimos. Aletean
Los flamencos rosados que se irguen
Después de picotear las fresas rojas
Nacidas entre pálidos jazmines.
Graznan los pavos reales.
                                                  Y en un banco
De mármoles bruñidos, que recibe
La sombra de los árboles coposos,
Un joven soñador está muy triste,
Viendo que el aura arroja en un estanque
Jaspeado de metálicos matices,
Los pétalos fragantes de los lirios
Y las plumas sedosas de los cisnes.

                            Julián del Casal

JDC(Cuba, 1863-1893). Poeta, fue uno de los máximos 
exponentes del modernismo en Latinoamérica,
Publicó Hojas al viento en 1890 y Nieve en 1892. Bustos
y rimas de 1893, publicado postumamente.  
Fue amigo de Rubén Darío. Murió muy joven tras la rotura de 
una aneurisma. 


























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