domingo, 28 de octubre de 2012

PIER PAOLO PASOLINI





David

Apoyado en el pozo, pobre joven,
vuelves hacia mí tu cabeza gentil,
con una risa grave en los ojos.

Tú eres, David, como un toro en un día de abril,
que de la mano de un muchacho que ríe
va dulce a la muerte.


Como una brisa ligera

Tú que te abotonas
la ropa tras las violetas
¡vuelto ángel! Devuelve
mi corazón a su destino.

Pero es un destino con el claro
de tus ojos... y tú, de pie,
perdido en la tarde
que muere sin mí.

Sí, tendrás una noche
de aldeanito inocente,
con mi amor que te besa
como una brisa ligera.
¡Oh, yo jovencito!

Yo quería ser mi madre
que me amaba, pero
no quería amarme a mí mismo.
Y entonces fingía ser
un joven pobre.

No podía convencerme
de que también en un burgués
hubiera algo para amar
aquello que amaba mi madre
en mí, puro y despreciado.

Nada ha cambiado:
me veo todavía pobre
y joven; y amo sólo a aquellos
como yo. Los burgueses
tienen un cuerpo maldito.


Obra: El faro, de Henry Scott Tuke


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