sábado, 16 de marzo de 2013

WENCESLAO MALDONADO





Canto I

INVOCACIÓN A LAS MUSAS Y TEMA DEL POEMA


Me urgís, amadas Piérides, a cantar lo que no podría hacer sin vuestra ayuda,
aunque variada es la experiencia de los hombres que transitan por la tierra,
sea que la borrachera provoque el delirio de la danza y la alegría,
sea que el sol pinte paisajes de oro, esmaltados de pájaros cada madrugada,
sea que la guerra temple el grito, y el coraje de los caballos tracios aturda de 
furia el suelo.
¿Quién puede cantar la hazaña del guerrero, quién la paz de la mañana, quién 
la locura de las fiestas, si vosotras, Piérides amadas, no sopláis sílaba a sílaba 
el aire que respira el poeta?
Venga a mí Calíope para entonar un himno a la increíble hazaña de Heracles 
Megaloproctos;
que suene a mi oído la dulce flauta de Euterpe que provoca el deseo de los 
hombres; con paso rítmico salte Terpsícore el baile licencioso de las nalgas
ligeras; haga cantar Erato, entre estruendos corales, a los redondos vozarrones 
de los traseros; Talía, con su máscara ridícula, nos haga reír a pie suelto y a 
cuerpo desnudo; tú, la más excelsa de las Musas, sonora Calíope de lira firme,
con las restantes vecinas del Olimpo que habitan Pieria y recorren el mundo,
llama a tu hijo, el melodioso Orfeo, para que temple su cítara de nueve cuerdas
y nos cante cómo fue la locura de los culos más bellos, cómo en certamen,
movidos por la astuta Afrodita de sonrisa falsa, midieron su esplendor
el delirante Dioniso que golpea el suelo con su tirso al son de gritos de júbilo,
el resplandeciente Apolo de aljaba de oro que descorre las luces cada día
y el valeroso Ares, cuyos gritos horrorizan a los valles y collados,
ante el juicio certero del héroe que deja sin aliento a los hombres, Heracles 
Megaloproctos custodien este camino que recorro los muchos hermanos que 
me acompañan, y me recuerden que quien tuvo la ocurrencia de tamaña con
tienda, el dios mensajero Hermes, así quedó plantado en los senderos, solo el 
rostro vigilante, con mucho falo pero nada de culo.


Canción de Orfeo

Yo que he enseñado en la Tracia
A recoger tiernas flores
De la breve primavera
Desflorando culos jóvenes,

Yo que amé a tantos muchachos,
Prefiriéndolos a hombres
Cansados de amor y sexo,
Porque hay ternura en el joven,

Yo que ascendí la ladera
Pedregosa de este monte,
Tomo mi lira de brisa
Para cantar esos goces.

Amo los culos torneados,
Redondos como dos soles,
Y los que ocultan, oscuros,
Todo el vello de la noche.

Amo los culos alzados,
Orgullosos de sus dones,
Y los caídos, turgentes,
Que ríen sin pretensiones.

Amo los culos flexibles
Que abrasan con sus calores,
Y los más duros, más tensos,
Que aprietan para que goces.

¡Culos erguidos de mármol!
¡culos brillosos de bronce!
¡culos blandos de azucena!
¡culos cálidos de roble!

Culos que te están llamando,
Que te requieren a voces,
Culitos que suavemente
Te seducen y te acogen,

Culos, culos, los que fueren,
Siempre atractivos y nobles,
¡mi lira los canta a todos
sobre la cima del Ródope.

¡Los culos, todos los culos,
Acudan a mí esta noche!


Epitalamio de las nalgas

Nosotras te besamos,
Nosotras te ocultamos en el pozo,
Nosotras protegemos tu deseo,
Nosotras te abrazamos.

Nosotras te exigimos,
Nosotras te probamos en el fuego,
Nosotras confirmamos tu propósito,
Nosotras te guardamos.

Nosotras te servimos,
Nosotras te colmamos de placeres,
Nosotras te abrigamos en el fondo,
Nosotras te adoramos.

Nosotras, falo amante,
Nosotras, somos nalgas de confianza.


Canción de Zeus

¿Ya probaron, ah, mortales
los placeres por detrás?

Soy el Señor de los dioses
y les enseño a gozar.
El lecho con Hera aburre.
Ganímedes me da más.

No niego que muchas hembras
me lograron trastornar.
Pero en el Ida una tarde
observé algo inusual.

Pastoreaba en esa zona
andando como al azar
un muchachito bellísimo.
Nunca había visto otro igual.

Me molestaba la verga,
parada hasta reventar.
Me estremecí de deseo.
Mi corazón no dio más.

El pastor rubio y salvaje,
con su aspecto de animal,
no se opuso a mi pedido
y se me dejó raptar.

Como el águila que escapa
con su presa, subí audaz
hasta la altura, cargándolo
sin cansarme de volar.

Me lo llevé hacia el Olimpo
para hacerlo un inmortal.
Los celos de mi mujer,
¡qué me pueden importar!

¿Ya probaron, ah, inmortales,
los placeres por detrás?


Balada de los proctoaspidisquiones

Culo Prohibido: Canto el coito que agita las palabras
penetrando el arcano del deseo.

Culo Difícil: Acoplamiento jadeante que conmueve
el dolor, el placer y la locura.

Culo Caído Alabo cada puje más adentro,
cada golpe más hondo, cada grito.

Culo Cerrado El amor apareado, amor rendido, sudoroso de gloria, amor temblando.

Culo Lánguido ¡Proclamen las delicias del orgasmo,
nuestra victoria justa y exultante!



                                          De La Proctomaquia o El cantar de los culos, 2008



           wencesmaldonado.com.ar/

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