domingo, 12 de mayo de 2013

HART CRANE




En la tumba de melville

Lejos de este arrecife, a veces, bajo la ola
Los dados de los huesos de los muertos
Vio llegar un mensaje, al contemplarlos
Batir la orilla, en polvo oscurecidos.
Sin campanas cruzaban barcos náufragos.
El cáliz de la muerte generosa
Devolvía un disperso, lívido jeroglífico,
Envuelto en espiral de caracolas.
Luego en la calma de una vasta espira,
amarras hechizadas, y en paz ya la malicia,
Había escarchados ojos que elevaron altares;
Por los astros reptaban las calladas respuestas.
Ni cuadrante ni brújula imaginan
Más distantes mareas… Y por la azul altura
El canto no despierta al marinero.
Que su mítica sombra sólo el mar la conserva.


En 1926, seis años antes de morir ahogado en una travesía por el Golfo 
de MéxicoHart Crane entregó En la tumba de Melville a la editora de 
la revista literaria Poetry, Harriet Monroe. Tras haberlo leído, esta le 
espetó: “¿De qué demonios estás hablando en este poema?”. La respuesta 
de Crane a la editora fue una extensa apología de la autonomía del lenguaje 
poético y de su “otra lógica”.

Obra: Károly Ferenczy, 1862–1917/ Lutteurs, 1912

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